Mil veces te he perdido; de mil maneras te he visto partir. Cada una de tus fugas las sé revivir y cada regreso es incierto. ¿Te has ido o jamás has regresado? Viviendo en la expectativa de lo incierto de tu estado. En mis manos se acumula el odio y rencor de cada una de esas veces. La ira incontrolable que toma control. La sangre corre por mis sienes y las lágrimas inciertas no se atreven a correr. Un dolor me inunda con una escena ante mis ojos.
Mil veces te he perdido y jamás había sido tan cierto. Tantas veces que tus manos recorrieron mis pechos y que nuestras piernas se enredaron. El sudor de cada uno mezclados y olorosos. Incontables veces mi sangre corrió como la tuya y tus manos me dieron la tuya. Tantas veces entre mis muslos gemiste y tantas veces a mis ojos recitaste tus incansables palabras. En tu cuarto o en el mío; en los viajes y en los libros, tuvimos tantos encuentros pero mil veces te he perdido.
¿Confiarías en mí nuevamente? ¿Me atreveré a confiar en ti? De todas esas veces, la primera y última siempre fueron las más dolorosas. Una por imprevista, la otra por ser siempre nueva. Heridas sangrantes como las abiertas en mis piernas cada vez que te albergaban. Tu aliento fue aquello permanente y fiel, siempre en mi boca no importando tu partida. Tu olor en mi nariz, tu saliva en la mía. En brazos de mil mujeres te vi pero siempre tuve tu aliento. Brazos vacíos, no como los míos. Pechos y cabelleras cualquieras, capaces de entregarse a cualquiera.
¿Cómo contener el llanto si la última vez ha sido definitiva? Palabras dedicadas tal como fueron dedicadas para mí. Tu aliento desvanecido pues me ha abandonado y tu mirada ya no habla conmigo. Mis pechos solitarios gimen por tu ausencia pesando aún después de largo tiempo. Mis manos todavía intentando palpar tu cuerpo que yace junto a otra a la que ahora amas. Cada palabra sorda punza en mi cabeza y la sangre hierve. Ira y desesperación. Mi cuerpo tiembla de furia.
Mil veces te perdí, pero esta será la última. Entre las sombras me escabulliré y entre sueños atacaré. Mis manos tocaran tu cuerpo, tu cuerpo temblara ante el mío como antes. Te tendré entre mis piernas y ella se desvanecerá por siempre. Mi sangre hervirá con la tuya, se volverán una. Nuestra sangre correrá por mi vientre y el tuyo. La veremos vaciarse de nuestros cuerpos mientras intentas tomar bocanadas de aire ahogadas por la sangre tuya y mía. Tus ojos verán los míos y por primera vez entenderán mi alma y su pesar. Tus palabras sordas no serán articuladas, pues en el último suspiro, mil y una veces te perdí. Y una sola vez me perdiste tú a mí.
Andrés Sierra Gómez Pedroso
Mil veces te he perdido y jamás había sido tan cierto. Tantas veces que tus manos recorrieron mis pechos y que nuestras piernas se enredaron. El sudor de cada uno mezclados y olorosos. Incontables veces mi sangre corrió como la tuya y tus manos me dieron la tuya. Tantas veces entre mis muslos gemiste y tantas veces a mis ojos recitaste tus incansables palabras. En tu cuarto o en el mío; en los viajes y en los libros, tuvimos tantos encuentros pero mil veces te he perdido.
¿Confiarías en mí nuevamente? ¿Me atreveré a confiar en ti? De todas esas veces, la primera y última siempre fueron las más dolorosas. Una por imprevista, la otra por ser siempre nueva. Heridas sangrantes como las abiertas en mis piernas cada vez que te albergaban. Tu aliento fue aquello permanente y fiel, siempre en mi boca no importando tu partida. Tu olor en mi nariz, tu saliva en la mía. En brazos de mil mujeres te vi pero siempre tuve tu aliento. Brazos vacíos, no como los míos. Pechos y cabelleras cualquieras, capaces de entregarse a cualquiera.
¿Cómo contener el llanto si la última vez ha sido definitiva? Palabras dedicadas tal como fueron dedicadas para mí. Tu aliento desvanecido pues me ha abandonado y tu mirada ya no habla conmigo. Mis pechos solitarios gimen por tu ausencia pesando aún después de largo tiempo. Mis manos todavía intentando palpar tu cuerpo que yace junto a otra a la que ahora amas. Cada palabra sorda punza en mi cabeza y la sangre hierve. Ira y desesperación. Mi cuerpo tiembla de furia.
Mil veces te perdí, pero esta será la última. Entre las sombras me escabulliré y entre sueños atacaré. Mis manos tocaran tu cuerpo, tu cuerpo temblara ante el mío como antes. Te tendré entre mis piernas y ella se desvanecerá por siempre. Mi sangre hervirá con la tuya, se volverán una. Nuestra sangre correrá por mi vientre y el tuyo. La veremos vaciarse de nuestros cuerpos mientras intentas tomar bocanadas de aire ahogadas por la sangre tuya y mía. Tus ojos verán los míos y por primera vez entenderán mi alma y su pesar. Tus palabras sordas no serán articuladas, pues en el último suspiro, mil y una veces te perdí. Y una sola vez me perdiste tú a mí.
Andrés Sierra Gómez Pedroso





